El síndrome del niño hiperregalado

regalos

En la sociedad en la que vivimos, nos hacen creer que la única manera de demostrarles amor a nuestros hijos es a través de regalos. Es por ello, que desde pequeños llenamos su habitación de juguetes y cumplimos todos sus pedidos.

Esto trae como consecuencia, según los estudios, niños frustrados, con poca imaginación, cómodos y que en la adultez no se esfuerzan por tener lo que quieren. Este “síndrome del niño hiperregalado” es un problema para las generaciones futuras.

La publicidad, los medios de comunicación y el sentimiento de culpa de muchos padres por tener que trabajar todo el día, son la combinación perfecta para que los niños pidan, pidan y pidan. Ellos quieren tener los juguetes más modernos (que luego descartan al segundo día) y esperan cosas muy costosas para fechas clave, como pueden ser el cumpleaños o las navidades.

Esto no quiere decir que no hay que comprarle nada a los niños, porque ellos se merecen jugar(¡Que aprovechen mientras puedan!), pero como siempre se dice, los extremos no son buenos.

A los niños les encanta montar su bicicleta, ir con su balón al parque o tener la casa de muñecas más grande del mundo. Pero también es verdad, que a los peques les encantaría compartir y disfrutar esos regalos con sus padres.

Hace un tiempo, la empresa Ikea realizó una campaña publicitaria donde los niños podían escribirle una carta a los Reyes Magos para pedirles regalos. La segunda parte de este proyecto estaba compuesta por responder a la consigna: ¿Qué les pediríais a vuestros padres para estas fiestas? En la mayoría de los casos, la respuesta fue “que pasen más tiempo conmigo” y no un juguete último modelo.

Como padres, debemos comprender que los juguetes no nos sustituyen.

¿Recuerdas la historia de “Ricky Ricón”, el niño que tenía hasta una montaña rusa en casa pero no pasaba ni un minuto con su padre y por ello siempre estaba triste?

Los padres vamos corriendo de aquí para allá. Primero, tachamos todas las obligaciones de la lista de pendientes antes de estar con nuestros hijos y para cuanto todo esté terminado, los niños seguro ya están dormidos.

Además de darles regalos de vez en cuando o para un ocasión especial, también es bueno pasar tiempo con ellos. Los días, los meses y los años pasan volando y cuando quieras darte cuenta, ya estarán yéndose de casa. Y no podrás volver el tiempo atrás.

¿Qué es el síndrome del niño hiperregalado?

 

Es una tendencia que se desarrolla desde hace algunos años, pero con más frecuencia en este siglo XXI. Se trata del mal hábito de los padres de llenar de regalos a sus hijos para suplir el hecho de no pasar tiempo con ellos, por estar trabajando todo el día.

Las consecuencias de esta actitud son muy negativas para los pequeños. Por ejemplo, podríamos citar la falta de valor hacia las cosas que reciben, los caprichos, el consumismo, el egoísmo, la falta de imaginación y de ilusión y no interesarse por nada en particular.

No tiene sentido regalar cientos de juguetes a los hijos, porque por ejemplo, empezarán a darle más importancia a lo material, cuando en realidad, los niños precisan más atención y tiempo por parte de los padres.

El síndrome del niño hiperregalado aparece todo el año, pero se acentúa en ciertos momentos, como Reyes o Navidad. A esto, debemos sumarle la creencia de que “al portarse bien todo el año se recibirán muchos regalos”. En realidad, no importa cómo se han comportado, ya que de igual forma recibirán regalos. Esto causa una falta de credibilidad en los adultos y el comienzo de una etapa de libertinaje, desobediencia y pocos límites por parte de los hijos.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando por un problema externo el niño deja de recibir regalos?

Muchos de ellos se ven sumidos en una depresión muy grande, para nada normal en alguien de tan poca edad. La única manera de enseñar a nuestros hijos a darle valor a lo que tienen y a lo que reciben, es dejar de regalarles cosas. Quizás este sea un proceso para hacer en conjunto (porque los padres son responsables de ello también) e ir reduciendo la cantidad de presentes, por ejemplo.

De esta manera, no estarás haciéndoles un mal a tus hijos, sino todo lo contrario. Los formarás a futuro, para cuando sean adultos y tengan que esforzarse por tener lo que desean. Porque las cosas, por más que miremos al cielo, no caen como la lluvia.

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